
Todos los días, antes de que amanezca, Cristal del Rocío Gutiérrez López comienza su jornada. A las 5:30 de la mañana se levanta para prepararse y salir de casa rumbo a su trabajo en la Dirección de Deporte Municipal de la Capital Potosina. Licenciada en Educación y mujer con discapacidad visual adquirida desde los 15 años, ha construido una vida profesional marcada por la constancia, el aprendizaje y la convicción de que la discapacidad no define los límites de una persona.
Su trayecto diario es parte de una rutina que refleja autonomía y disciplina. Cristal camina varias cuadras hasta tomar el transporte público que la lleva a su oficina ubicada en la colonia Las Águilas. Al bajar, ciudadanos la apoyan para cruzar la calle y llegar a su lugar de trabajo, donde se desempeña en el área de capacitación, preparando materiales e información para formar a personal de distintas instituciones dentro y fuera del Ayuntamiento.
Al concluir su jornada laboral, alrededor de las tres de la tarde, regresa a casa o dedica tiempo a otras actividades cotidianas: reunirse con amigos, visitar a su familia o participar en reuniones virtuales. Como cualquier otra profesionista, combina su trabajo con su vida personal y doméstica, organizando sus tareas para comenzar nuevamente al día siguiente.
Su historia profesional comenzó con un proceso complejo de adaptación. Tras perder la vista en la adolescencia, tuvo que atravesar una etapa de rehabilitación que incluyó aprender el sistema Braille y utilizar tecnologías accesibles para continuar con su formación académica. Ese proceso le permitió concluir la preparatoria con el mejor promedio de su generación y posteriormente ingresar a la Escuela Normal del Estado de San Luis Potosí, donde también destacó académicamente.
A lo largo de su formación y desarrollo laboral, Cristal reconoce que ha enfrentado obstáculos derivados de la falta de accesibilidad y de prejuicios sociales hacia las personas con discapacidad. Barreras arquitectónicas, dificultades para acceder a la información y actitudes discriminatorias han sido parte de los desafíos, aunque también han fortalecido su convicción de impulsar espacios más inclusivos.
“Todas las mujeres con o sin discapacidad tenemos derechos. Derechos humanos que, por el simple hecho de ser personas, son nuestros”.
En su vida cotidiana utiliza herramientas que le permiten desenvolverse con mayor autonomía, como el bastón blanco y tecnologías accesibles que incluyen lectores de pantalla, aplicaciones que describen imágenes o programas que convierten documentos físicos en audio. Estas herramientas, explica, facilitan el acceso a la información y la participación en ámbitos educativos y laborales.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, Cristal subraya la importancia de que las mujeres, con o sin discapacidad, conozcan y defiendan sus derechos. Considera fundamental que las instituciones escuchen directamente a las personas con discapacidad al diseñar políticas públicas y que se generen oportunidades reales de participación. Su mensaje es claro: la autonomía y la dignidad deben ser derechos garantizados para todas, y la sororidad puede abrir caminos para que más mujeres vivan con independencia y oportunidades.
“Creo que las mujeres con discapacidad podemos ser autónomas, podemos ser autosuficientes”.






